Bien merecido

Durante décadas, el Partido Revolucionario Institucional ha pisoteado la dignidad de los mexicanos, quienes con su desprecio le responderán con la peor de sus derrotas electorales, este próximo primero de julio.
Soberbios, los presidentes de la república y líderes tricolores actuaron casi todos como si fueran la última Michelob del desierto, en esa necia pretensión de que eran y son los únicos capaces de llevar a México por el buen camino.
Recordemos a Enrique Peña Nieto, al borde del llanto quejándose amargamente del por qué muchos de nosotros no reconocemos ni aceptamos todas las cosas positivas que han realizado.
Con enorme cinismo y un valemadrismo descomunal, ignoraron repetidamente los reclamos sociales, cada vez más firmes y más frecuentes.
A las corrupciones de siempre, en los últimos años hemos padecido no sólo las tradicionales penas en lo económico sino además los gravísimos efectos de la violencia y la delincuencia, con muchas ilegalidades e impunidades oficiales, principalmente por militares y marinos que con una impunidad ofensiva han asesinado a muchos niños, jóvenes, mujeres y ancianos inocentes.
No aceptan y menos comprenden en el PRI el hartazgo que han generado, incluso entre buena parte de quienes integran o integraron sus filas partidistas.
En esta elección serán derrotados de manera apabullante, y lo tienen bien merecido.
Que el presumible ganador tenga pocos o nulos merecimientos es simplemente uno de los síntomas de la rabia ciudadana.
Podrán cambiar dirigente nacional y hasta candidato, pero el PRI no ganará.
Si quieren recuperar credibilidad y confianza entre los mexicanos, deberán demostrar de manera muy contundente que han aprendido la lección.
Pero para este proceso, no les alcanza.
LA VERDAD, Y PUNTO
Me contactan con alguna frecuencia con “datos duros” que según sus emisores deben servirnos para varios Altoparlantes completos en contra de Héctor Melesio Cuén Ojeda.
Los mismos señalamientos repetitivos, de que el exrector de la UAS se robó muchos millones de pesos del fideicomiso de la jubilación, y que convirtió a esta institución educativa en una olla de grillos políticos, alejada feamente de sus quehaceres y compromisos académicos.
Sobre lo primero se ha demostrado sobradamente la falsedad de las acusaciones, y sobre lo segundo dijera Cantinflas que precisamente ahí está el detalle del por qué el maestro Cuén Ojeda goza de un respeto y prestigio bien ganados.
Durante varios lustros nos tocó cubrir a la casa rosalina como fuente informativa, y fuimos testigos del antes y del ahora, con la terminación de numerosas ilegalidades e irregularidades que fueron “usos y costumbres” escandalosos en nuestra máxima casa de estudios.
Varios rectores lo intentaron, pero se quedaron en el camino; no aguantaron las presiones de quienes desde las dos secciones sindicales operaban políticamente para mantener privilegios indebidos.
Melesio Cuén tuvo el valor, y no cedió.
No más, aquella universidad con paralizaciones continuas de clases, muchas veces por puro capricho y hasta ocurrencias; son cosa del pasado los informes financieros sin facturas ni comprobantes.
Porque, aunque usted no lo crea, hubo rectorados en los que se gastaron miles de millones de pesos sin un solo documento que validara el ejercicio presupuestal.
Cada quien tiene derecho a creer lo que quiera o le convenga.
De mi parte, reitero las vivencias directas que hoy se validan de manera muy sólida por parte del gobierno y de organismos autónomos especializados: la UAS es una de las mejores universidades del país, con una superación relevante en sus niveles académicos que le han merecido reconocimientos nacionales e internacionales.
Y en cuanto a sus manejos presupuestales, lo mismo sucede tanto con las auditorías gubernamentales como con las externas.
Por ello tengo un excelente concepto de Cuén Ojeda, quien fue puntal indiscutible en lo comentado.
Cuando haga cosas indebidas, tengan ustedes la seguridad de que aquí se lo cuestionaremos.

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