UN EQUINOCCIO DE REPRESIÓN

Oscar Loza Ochoa

Una política basada en la confrontación,
que no mide las heridas que produce.
Agustín Moreno. Sin permiso.
-Nos estamos dando un balazo en la pata nosotros mismos. -Dijo Juan Habermann el 14 de
febrero. Fue su respuesta a la amenaza de los productores del campo de bloquear la Expo
Agro ante la negativa del secretario de agricultura a darles audiencia. Cinco semanas
después de aquél desaguisado, no sabemos qué gesto le merezca la represión sufrida por los
productores de frijol en el equinoccio 2018 y ante la caseta fiscal de La Platanera. Pero las
prioridades del secretario y de la autoridad estatal ya estaban dichas desde antes: importa la
agricultura de exportación, no la orientada a la alimentación de los mexicanos.
En la apertura de la Expo Agro el gobernador Quirino empeñó su palabra de jugársela
junto a los productores de frijol hasta lograr un precio de 16 mil 500 pesos por tonelada.
Insistió en la importancia del diálogo. No sabemos qué tanto se movilizó, pero lo dicho por
uno de los campesinos movilizados en La Platanera pinta la realidad, "las bodegas están
listas para recibir nuestro producto, pero a 12 mil pesos la tonelada." La acción de los
policías antimotines, en especial contra Julián Zendejas Sánchez, campesino que sólo busca
como sus compañeros un precio justo para su frijol, parece indicar que no se pretende ir
junto a los productores más allá de lo que ya hemos visto.
Julián, después del maltrato sufrido durante su detención, permaneció privado de su
libertad varios minutos, pero la presión de sus compañeros hizo posible su liberación y la
promesa de hacer uso del recurso del diálogo. Ojalá se vuelva a la mesa del diálogo y la
negociación, incluyendo a las autoridades federales de agricultura, cuyo síndrome de la
Malinche se les ha incrustado hasta la médula en las últimas décadas. Por desconfianza bien
ganada nos preguntamos, ¿Cuánto durará ese diálogo y qué alcances tendrá? Es una duda
que no tardaremos en despejar.
Mientras Julián Zendejas medía con su humanidad el tamaño de puños y botas, soportando
jalones y desgarres de su ropa, debió haber pensado en el esfuerzo campesino por alimentar
este país de 62 millones de pobres y con 19 millones de compatriotas en pobreza extrema,
cuya hambre les acompaña las 24 horas del día. También debió haber pensado entre un
magullón y otro, que cumplida la tarea de parte de los campesinos, las complicidades de la
autoridad los deja desarmados y atados de manos ante los coyotes, que se llevan la parte del
león en el negocio de la agricultura.
La resistencia campesina en las acciones de La Platanera debe llamar seriamente la
atención de propios y extraños, pues quizá no consiga ablandar a corto plazo la voluntad
oficial para que les paguen a 16 mil 500 pesos la tonelada de frijol, pero quedó sentado un
precedente: la represión no siempre es un recurso que aplasta la moral de lucha de los
sectores movilizados. Y cuando así resulta, como fue el caso de La Platanera, se convierte
en ejemplo para el resto de los trabajadores del campo y de la ciudad. El derecho humano a

un mejor precio para el frijol ha sido violado de la manera más arbitraria y violenta. Pero la
resistencia mostrada rescata con mucha dignidad el derecho a persistir en ese derecho.
La gobernanza y la paz exigen tratar los problemas sociales con la delicadeza y precisión
de un cirujano, pues multiplicar la situación vivida en la caseta fiscal de La Platanera, sólo
propicia mayores complicaciones y limita las posibilidades para el entendimiento y la
negociación que alimenta la paz y la tranquilidad pública. Quizá por ello también hay que
señalar que una gran deuda que no se atiende con la sensibilidad que reclama, es el
problema de la desaparición forzada de personas.
Alguna cifras son tan contundentes que invitan a decir algo, porque callar sería indigno de
todo ciudadano: hay periodistas especializados en el tema que dicen que la cifra de
desaparecidos ronda los 6 mil en Sinaloa; para no nos digan exagerados hablemos de los 2
mil 856 que ha manejado el Inegi. Pero con cuántos agentes del ministerio público y
cuántos investigadores de hace frente a esa gigantesca tarea: con no más de nueve
ministerios públicos y menos de 20 investigadores en todo el estado. A cada ministerio
público le corresponde no menos de 315 casos para investigar.
¿Será posible, en esas condiciones, sacar adelante de manera exitosa este gran problema?
No lo creemos. Se requiere que la sociedad relacione la magnitud del problema y los
escasos recursos que se dedican a la atención del problema y que al ver la desproporción
esta se convierta en un enojo que lleve a la protesta y exigencia de solución plena del
problema. Vale.
www.oscarloza.com
oscarloza.ochoa@hotmail.com
Twitter @Oscar_Loza

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